RECETA DE PATO
Cocinar un pato a la orange, no es cosa de cualquiera. Tienes que elegir el pato, el color de las plumas da lo mismo, en realidad mientras menos plumas tenga, tanto mejor, lo importante es la actitud. La actitud del pato. El pato que colabora es inmensamente más apetecido que aquel degenarado y vil que me tocó a mi. Dos horas de día sábado, preciado y precioso tiempo presente, me tomó lavar el pato, depilarlo adecuadamente a las brasas, sacarle todas las menudencias, trozarle las presas más dignas, y echarlo a remojar en aceto, sal, pimienta blanca y romero. A dormir se ha dicho. En día domingo no fue nada menor, como inventó decir un periodista de la Duna, seguir con la receta. Calentar aceite a 180 grados, no es lo mismo que calentar agua, o hervir el agua. Y aprendí que todo eso es totalmente distinto que hervir el aceite. Coloqué en olla tapada dos tazas de aceite a calentar hasta que comenzó a hervir. Supuse yo entonces que se había alcanzado la temperatura deseada. Destapé la olla, y Booomm !!, se inflamó el aceite y se llenó de llamas la cocina completa.- Apagué todo, e inmediatamente cerré la olla, y afortunadamente terminó el fuego. Todo era humo y olor a sopaipilla de la estación Mapocho. Todo gris, picaban los ojos, la piel y la garganta.
Mientras tanto, en olla aparte derretí harta mantequilla que antes que se quemara, la revolví con harta azúcar, y cuando ya todo estaba bien derretido le eché un jarro de jugo de naranja recién exprimido. Lo cociné hasta que disminuyó. Luego le eché picada en tiritas muy largas, varias clementinas, muy dulces y una manzana rallada.- Dejé cocinar tranquilamente.-
Ya repuesto del incendio, tomé otra olla y volví a calentar el aceite, esta vez destapada la palangana, y en ella freí las lonjas de pechuga de pato con su piel, los dos tutos, y un par de tutitos cortos que le salieron al pato de no sé dónde. Lo demás lo boté.-
Diez minutos de fritanga me bastaron para darme cuenta que el pato estaba listo. Lo rescaté del fuego eterno, lo trinché, lo escurrí del aceite, y lo filetié hasta que obtuve una cantidad nada de despreciable de pura carne.-
Eché la carnecita del pato a la olla con las naranjas, se cocinaron un momento más y serví en dos platos abundantes, sobre base de dientes de dragón hervidos brevemente. Acompañé con papitas. Vinito bueno, y postre. Ah, que rica la siesta.
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